Educar es transmitir conocimientos

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Todos los profesores, padres y alumnos, todos los responsables de la Educación en España, muchos columnistas que desde sus periódicos tratan de analizar lo que pasa y una parte muy importante de la opinión pública y publicada en España están muy impresionados y muy preocupados por los resultados de las oposiciones a profesores de Primaria, que, con una valentía que la honra, ha hecho públicos la Comunidad de Madrid. Los datos son sobradamente elocuentes:

En 2011 la Consejería de Educación de la Comunidad de Madrid convocó unas oposiciones para cubrir 489 plazas de profesores de Primaria. Para presentarse a estas oposiciones se exigía titulación universitaria.

Firmaron la convocatoria 20.386 opositores, aunque al primer ejercicio sólo se presentaron 14.110.

Este primer ejercicio, llamado prueba de conocimientos, incluyó esta vez veintitrés preguntas sacadas de lo que tienen que explicar los maestros (y que aprender los alumnos) a los niños de seis a doce años. Es decir, veintitrés preguntas que, en teoría, podría contestar cualquier alumno al terminar sexto de Primaria.

Este examen lo entregaron finalmente 12.298 aspirantes. Y, una vez corregido, los resultados, puntuando sobre diez, fueron los siguientes: 152 opositores obtuvieron entre 7,5 y 10 de nota; 1.719 opositores consiguieron una nota entre 5 y 7,5; 5.560 lograron entre el 2,5 y el 5; y 4.767 estuvieron entre el 0 y el 2,5. En resumen, sólo el 15,2 por ciento de los opositores aprobaron un examen con preguntas que deben conocer los niños al acabar la Primaria. Estos son los datos. No pienso entrar en el comentario de algunos errores garrafales y de algunos disparates aislados que se han publicado.

Tampoco pienso criticar la demostrada escasa preparación de los opositores, aunque sea evidente que no pueden ser profesores de Primaria aquellos que no son capaces de aprobar un examen que deberían aprobar los alumnos de doce años.

Tampoco voy a incidir sobre el hecho de que algunos de los opositores, que no alcanzaron el 5 en este examen, estén hoy dando clase en colegios públicos, por culpa del actual sistema que permite que el que hace años entró como interino, sin aprobar ninguna oposición, esté por delante de otro que ha sacado un 10 en conocimientos.

Lo que sí quiero señalar es lo que este examen ha puesto de manifiesto acerca del sistema educativo español, que está gravemente enfermo desde que las leyes socialistas, aún vigentes, optaron por el olvido de que la principal función de un sistema educativo es la transmisión de conocimientos.

Los opositores que se presentaron a estos exámenes han terminado unos estudios universitarios. Todos ellos se presentaron con un interés inmenso por sacar su plaza de profesor, algo perfectamente comprensible si recordamos las tremendas cifras de paro y sabemos que ganar esa plaza supone alcanzar la condición de funcionario y tener trabajo asegurado para siempre. Esto quiere decir que todos ellos —o al menos, una inmensa mayoría— habían preparado con interés y esfuerzo estos exámenes, en los que se jugaban mucho.

Habían preparado sus temas de pedagogía, de metodología y de didáctica, que son materias para enseñar a enseñar, pero habían olvidado que la primera herramienta didáctica es dominar las materias que luego hay que enseñar. Y se han olvidado de aprender los contenidos porque llevan toda su vida escolar y universitaria dentro de un sistema creado por las leyes socialistas, en el que los conocimientos no se valoran.

Con el argumento de que todos los alumnos tienen que saber lo mismo se ha conseguido que ninguno sepa casi nada; y, lo que es más grave y ha puesto de manifiesto esta prueba, se ha conseguido que los profesores no consideren que, antes de preocuparse por el cómo enseñar, hay que conocer y, a ser posible, dominar, las materias que tienen que transmitir a los alumnos.

Ellos, los opositores, son otras víctimas más de un sistema que hay que cambiar cuanto antes. Con los datos que aquí comentamos es más fácil comprender los malos resultados que nuestros alumnos obtienen en todas las pruebas, como la ya famosa de PISA, a las que se someten.

Los cambios en nuestro entramado educativo son cada vez más urgentes. Y el cambio más importante es el de reconocer que el objetivo principal de la educación es, por encima de todos los demás, la transmisión de conocimientos. Y, claro, para transmitir conocimientos es imprescindible haberlos adquirido previamente.