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6 de mayo de 2014

El caso de Gerry Adams

Esperanza Aguirre

La Policía británica ha detenido a Gerry Adams, el líder del Sinn Féin, el partido de los nacionalistas irlandeses, para interrogarle acerca de su posible participación en 1972 en el secuestro, tortura, asesinato y enterramiento de una mujer de 37 años, viuda y con diez hijos, cuyo cuerpo se encontró por casualidad en 2003. Esa barbaridad fue obra de uno de los escuadrones del IRA.


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5 de mayo de 2014

Madrid, capital mundial del fútbol

Esperanza Aguirre

Hace ya muchos años que el fútbol es mucho más que un deporte. Sin dejar de ser uno de los deportes más completos y, por supuesto, más espectaculares que existen. Porque los futbolistas siempre han sido de los deportistas más completos, y jugar bien al fútbol exige unas condiciones y unas cualidades excepcionales. El jugador de fútbol tiene que ser rápido y resistente, fuerte y habilidoso, inteligente y perspicaz, imaginativo y luchador. Tiene que ser un atleta y, al mismo tiempo, un mago del balón.

Probablemente por ser un deporte muy exigente en el esfuerzo físico y, a la vez, enormemente espectacular, hace ya mucho tiempo que se convirtió en un espectáculo de masas, en el espectáculo que mueve más masas en todo el mundo.

Esta condición de gran espectáculo de masas que ha adquirido el fútbol lo ha convertido también en una actividad económica de primer orden, hasta el punto de que puede llegar a ser considerado una verdadera industria, y de primer orden. Y, desde luego, los clubes de fútbol más importantes del mundo son hoy equiparables a las grandes multinacionales.

Claro que el proceso para llegar a ser uno de esos grandes clubes es largo y complicado. Hace falta, para empezar, que en lo deportivo funcione, es decir, que el equipo juegue bien, gane las competiciones en las que participa y entusiasme a sus seguidores. Para conseguir esto hay que acertar con el entrenador, hay que cuidar la cantera y hay que saber fichar los jugadores más adecuados en el mercado mundial porque el fútbol, como la gran actividad económica que ya es, se mueve en un mercado globalizado.

Además, la experiencia nos está enseñando que los grandes clubes no se hacen sólo a base de dinero, sino que también tienen que estar arraigados en una comunidad que los perciba como algo muy suyo. En definitiva, tienen que contar con unos seguidores que se identifiquen con su historia, con su palmarés, con sus figuras del pasado y con una determinada idiosincrasia que esos clubes representan. De ahí que todos los grandes clubes del mundo, como el Real Madrid, el Atlético de Madrid o el Barça, tengan una historia centenaria y sean para sus seguidores el símbolo de una determinada manera hasta de entender la vida. Y lo mismo pasa con los extranjeros y ahí está el ejemplo del Manchester United, el Bayern o el Milan, auténticos símbolos y emblemas de sus ciudades y hasta de sus naciones.

Pues bien, en medio de ese mundo tan complicado y tan difícil, todos los protagonistas de la vida futbolística española están demostrando una capacidad impresionante para estar a la cabeza de ese entramado, que, como vemos, mueve miles de millones de euros y, sobre todo, atrae y subyuga a millones de hombres y mujeres de los cinco continentes.

Los éxitos de los clubes españoles, los de la Selección Nacional Española y los de muchos de nuestros futbolistas que triunfan en España y en el extranjero son un hecho indiscutible.

En unos momentos de crisis económica y de cierto pesimismo como los que estamos viviendo en los últimos años, puede ser bueno mirar lo que está pasando con el fútbol español donde se suceden los éxitos. Y no sólo para pasarlo bien viendo los partidos en los que juegan – y ganan– equipos españoles ni para compensar con esos éxitos los problemas cotidianos de estos años difíciles. También puede ser bueno aprender algunas enseñanzas que el mundo del fútbol nos está ofreciendo a todos los españoles.

Por ejemplo, la de la liberalización del mercado. España, donde tanto cuesta introducir medidas liberalizadoras en economía, ha sido el país que ha liberalizado mejor que nadie sus empresas futbolísticas. Gracias a eso, juegan hoy en España los mejores jugadores del mundo. Y curiosamente, la presencia entre nosotros de esos cracks del fútbol mundial no sólo no ha anulado el desarrollo de los futbolistas nacionales, sino que nunca como ahora ha habido mejores jugadores españoles, que triunfan en la Selección Nacional, por supuesto, pero también en algunos de los mejores clubes del extranjero.

Si esa apertura del mercado futbolístico la aplicáramos, por ejemplo, al ámbito de la enseñanza a todos los niveles y se contrataran los mejores profesores, aunque no fueran españoles, como ahora se hace con los futbolistas, es evidente que mejorarían nuestras universidades y nuestros colegios. Y no tendríamos que soportar, como ha pasado en la Comunidad de Madrid, que los sindicatos llevaran a los tribunales a la Consejería de Educación por haber contratado a profesores irlandeses para dar clase de inglés, en un intento absurdo de evitar que nuestros alumnos tuvieran profesores nativos de inglés.

Otra de las características de los grandes clubes de fútbol es que se valoran los resultados, y no sólo las buenas intenciones ni siquiera las inversiones. Y ahí tenemos al Atlético de Madrid, que, con un presupuesto muy inferior al de los más grandes, está en la primera fila mundial.

El último gran éxito del fútbol español, al colocar a dos de sus clubes en la final de la Champions, es, sin duda, un motivo de alegría, que para los madrileños es aún mayor, por ser los dos equipos de más solera de nuestra ciudad. Que la competición de clubes más importante del deporte más universal la vaya a ganar un equipo español es una inyección de optimismo nacional. Si somos capaces de crear, sostener y animar los mejores clubes de fútbol, tenemos que ser capaces también de sacar adelante muchas otras actividades fundamentales para el desarrollo de nuestra economía. Quizás sólo tenemos que fijarnos un poco más en cómo hacen las cosas esos clubes y copiar algunos de sus métodos.

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30 de abril de 2014

Agresiones a políticos

Esperanza Aguirre

El fin de semana pasado ha estado marcado por una serie de agresiones en las que algunos políticos se han visto envueltos. A Pere Navarro, secretario general del PSC, una mujer le ha llamado “hijo de tal” y le ha dado un puñetazo cuando se encontraba en la catedral de Tarrasa, ciudad de la que ha sido alcalde, para asistir a una primera comunión.


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28 de abril de 2014

Educar

Esperanza Aguirre

Publicado en La Quinta de ABC este lunes 28 de abril.

Educar es, en primer lugar, transmitir conocimientos. Esto, que parece una obviedad, hace décadas que es negado por muchos de los llamados pedagogos y, lo que aún es más grave, por muchos políticos. De ahí que los currículos de la Enseñanza Primaria y Secundaria de algunos países, entre los que desgraciadamente se encuentra España, ni siquiera lleguen a determinar con claridad qué es lo que tienen que haber aprendido los alumnos después de cursar esos estudios.

Esto se refleja con claridad en las oposiciones a maestro, es decir, en los exámenes que tienen que hacer los que quieren convertirse en profesores de Enseñanza Primaria. Desde la implantación de la Logse (1990), en esas oposiciones el simple conocimiento de las materias que luego tendrán que enseñar cuenta muy poco. Porque lo que los aspirantes tienen que demostrar en esas pruebas es, sobre todo, su conocimiento de las teorías pedagógicas y de las metodologías de la enseñanza, y su dominio de las normativas de la administración educativa. Si a esto se le une que, por presiones de los sindicatos, en esas oposiciones se tiene muy en cuenta el tiempo que los aspirantes han estado en los colegios como interinos (es decir, sin haber ganado por oposición la plaza que han ocupado), el resultado es que los maestros llegan a serlo sin haber tenido que demostrar nunca que dominan las materias que tienen que enseñar.

Para mejorar esto, la Comunidad de Madrid ha introducido en las últimas oposiciones, celebradas en 2011 y 2013, un ejercicio con preguntas que un alumno de Primaria, es decir, de doce años como máximo, debería responder correctamente. Se trataba de comprobar hasta qué punto los aspirantes a ser profesores de niños de hasta doce años dominaban las materias que los niños tienen que aprender a esa edad.

En ese ejercicio las preguntas buscaban comprobar que los aspirantes conocían las cuestiones más elementales de la gramática, que poseían las destrezas necesarias para resolver algunos ejercicios de aritmética básica, que manejaban el sistema métrico decimal, que conocían algunos de los más importantes acontecimientos históricos y los datos más relevantes de la geografía. Insisto en que todo lo que se les preguntaba son materias contenidas en los programas de la Enseñanza Primaria, es decir, materias que los alumnos deben aprender. Los resultados de esa prueba de conocimientos concretos fueron desalentadores en 2011. Solo el 15 por ciento de los aspirantes la aprobaron. En 2013 el resultado de la misma prueba fue mejor, casi el 30 por ciento de aprobados. Pero sigue siendo muy grave el hecho de que los aspirantes, que son licenciados universitarios, no dominen con soltura los conocimientos que los alumnos deben adquirir en la Primaria.

La nueva ley que ha promulgado el Gobierno de Mariano Rajoy, la Lomce, contiene elementos para mejorar sustancialmente esta situación. Pero hay que tener en cuenta que ahora deben ponerla en práctica las comunidades autónomas. Y hay que saber que los cambios en los sistemas educativos no dependen solo de las leyes; dependen, sobre todo y ante todo, de los profesores y maestros, que son los que están en las aulas con los alumnos. A los que, por cierto, los pedagogos hacen bastante poco caso.

Aquí, en la selección de esos maestros y profesores y en las orientaciones que se les den, reside la clave del éxito de la nueva ley. Y una de las orientaciones que tienen que quedar claras es que educar es, ante todo, transmitir conocimientos. Además, la primera misión del Estado en materia educativa debe ser garantizar que así sea. Luego, vendrá la transmisión de valores y de pautas de comportamientos, que es materia en la que la responsabilidad reside esencialmente en los padres y en las familias.

Si la transmisión de los saberes depende de los maestros y profesores, es evidente que habrá que cuidar que, en su formación, los futuros maestros y profesores adquieran esos saberes. Porque ¿alguien puede dudar de que para enseñar es imprescindible conocer bien aquello que se quiere enseñar? En este sentido, resulta especialmente pertinente el convenio que la Comunidad de Madrid firmó la semana pasada con las universidades madrileñas –excepto, incomprensiblemente, la Complutense– para mejorar la formación de los futuros maestros con la inclusión en sus planes de estudio de más conocimientos concretos. Y con la inclusión de algún tipo de prueba que garantice un cierto nivel de conocimientos básicos en los alumnos que, tras terminar su Bachillerato, quieran entrar en las facultades de educación.

Es verdad que para enseñar no vale solo con conocer la materia que hay que enseñar, pero es evidente que sin conocerla no se puede enseñar nada. Y que antes de empezar a enseñar algo hay que haberlo aprendido. La primera regla pedagógica para enseñar algo es conocer lo que se quiere enseñar. Esto, que parece obvio, no lo aceptan los dogmáticos pedagogos que inspiraron la nefasta Logse. Por eso, también me parece que hay que tener en cuenta la propuesta del presidente de la Comunidad de Madrid en el sentido de permitir que licenciados universitarios puedan presentarse a las oposiciones para después, si aprueban, dar clase de sus materias. Como creo que es muy positivo para el aprendizaje del inglés que profesores nativos de países miembros de la UE puedan dar clase de su lengua materna en nuestros colegios. Algo a lo que también se oponen los sindicatos.

Mejorar el nivel de conocimientos de nuestros alumnos es un asunto de Estado. Y debería concitar el compromiso de todos.

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22 de abril de 2014

Valls y Valenciano

Esperanza Aguirre

El miércoles pasado, el recién nombrado primer ministro francés, el socialista Manuel Valls, tras presidir su segundo Consejo de Ministros salió a decir a los franceses que el gasto público se va a reducir en 50.000 millones de euros. Anunció que se van a congelar las pensiones y los sueldos de los funcionarios, se va a reducir en 10.000 millones el gasto sanitario y no se van a revalorizar las prestaciones sociales hasta octubre de 2015. En fin, un auténtico terremoto en la economía y en la política francesa.

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