La República

La República

De un tiempo a esta parte se está haciendo cada vez más frecuente la exhibición de banderas de la II República en todo tipo de manifestaciones de protesta e, incluso, en actos y sedes de partidos del arco parlamentario español, como ocurre con algunos herederos del Partido Comunista (el que dio aquella famosa rueda de prensa de abril de 1977 presidida por la bandera de España).

Cuando las veo, pienso que o no saben qué es lo que reivindican con esas banderas o, si lo saben, quieren lo peor para España y para los españoles.

Empezaré por decir que la democracia más antigua, la que creo que funciona mejor y la que más me gusta es, sin lugar a dudas, la inglesa. O la británica, si preferimos decirlo así. Y es una democracia en el marco de una Monarquía que cumple perfectamente su papel integrador de todos los ciudadanos y su función representativa de todo el Reino Unido.

Pero que la democracia que más me gusta esté en el marco de un régimen monárquico no quiere decir que no reconozca que también, en regímenes republicanos, se dan democracias admirables. Los Estados Unidos de América, la República Francesa o las Repúblicas Federales de Alemania y Austria son unos magníficos ejemplos de lo que digo. Con esto quiero decir que, en principio, no tengo nada en contra de la forma republicana del Estado.

También creo que la decisión de los constituyentes de 1978 de optar por la Monarquía parlamentaria como forma del Estado en la España democrática fue plenamente acertada porque enlaza con nuestra Historia y porque saca la Jefatura del Estado del debate partidista.

Todo esto no obsta para que acepte que algunos, tanto a título individual como desde determinados partidos políticos, defiendan la república como forma del Estado porque, como ya he dicho, hay democracias ejemplares bajo la fórmula republicana.

Lo que me parece absolutamente discutible es la reivindicación que algunos —quizás demasiados— hacen de la II República Española cuando ondean su bandera.

No hay que ser un historiador avezado, basta con ser un lector mínimamente crítico de los libros de Historia, para saber que la II República fue un auténtico desastre para España y los españoles. Es cierto que fue recibida con la esperanza de que cerrara la crisis que había abierto el golpe de Estado de Primo de Rivera (absolutamente incruento y que pronto contó con la complicidad del Partido Socialista, la UGT y Largo Caballero, todo hay que decirlo). Pero también es cierto que muchos políticos republicanos utilizaron el régimen recién nacido para intentar imponer sus proyectos y sus ideas —en muchos casos, absolutamente totalitarias— a los demás, y que faltó generosidad y patriotismo. El resultado fue una guerra salvaje que algunos quieren que siga influyendo en la vida política de hoy.

El rotundo fracaso de la experiencia republicana lo conocían muy bien los políticos responsables de 1977 cuando propugnaron y promulgaron una amnistía total sobre todos los hechos acaecidos en los cuarenta años anteriores. Esa amnistía (siempre hay que recordar que amnistía viene de una palabra griega que significa olvido) era la expresa renuncia a utilizar el pasado como modelo para nuestro futuro.

Algunos dicen ahora que los políticos de la Transición no tuvieron en cuenta ni la República, ni la Guerra ni el franquismo en los cambios legislativos que impulsaron. Están en un inmenso error. Por el contrario, todo lo que se hizo en aquellos años constituyentes estuvo marcado por la voluntad expresa de no repetir nunca más los errores que habían llevado a aquel monumental fracaso colectivo.

Por eso me preocupa y me entristece ver el entusiasmo, no sé si ingenuo o malvado, con que se exhibe la bandera que simboliza uno de los periodos más nefastos de nuestra Historia, en el que se enconaron los odios, se despreció al adversario político hasta llegar a su eliminación física y las libertades estuvieron constantemente amenazadas.

Se puede ser republicano, por supuesto, pero nunca se podrá poner a nuestra catastrófica II República como modelo para la España de hoy.

Publicado en La Quinta de ABC este lunes 28 de enero de 2012.

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