ETA y la izquierda

La Guardia Civil ha investigado durante numerosos meses las actuaciones de los abogados de ETA con la fundada sospecha de que son mucho más que abogados dentro de la banda. Existen multitud de datos para creer que estos señores (y señoras, porque la líder parece ser una mujer) actúan de facto como representantes de la cúpula de la organización terrorista, si es que ellos mismos no son parte esencial de esa cúpula. 

En ese sentido, la detención el pasado miércoles de estos abogados, tras un exhaustivo periodo de investigación para confirmar las sospechas que tienen todos los especialistas en analizar el funcionamiento de la banda, es una buena noticia para todos los que queremos que ETA desaparezca de una vez por todas. Diría más, es una magnífica noticia.

Por eso resulta incomprensible que el Partido Socialista haya votado en el Ayuntamiento de San Sebastián a favor de una declaración institucional en la que se denuncian las detenciones del miércoles como un obstáculo para «la paz y la convivencia democrática».

La mejor herramienta para avanzar en la lucha contra ETA, la experiencia nos lo ha demostrado siempre, ha sido la actuación de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado dentro de la Ley, sólo con la Ley pero con toda la Ley. Y la prueba la tenemos en las razones que han llevado a ETA a declarar que abandona, de momento, sus crímenes.

Que nadie se crea que ETA ha aparcado su práctica asesina porque sus miembros tuvieron un buen día una revelación divina o porque se han arrepentido de los asesinatos que han cometido o, ni siquiera, porque han pensado que la democracia es moralmente superior al tiro en la nuca. No, ETA ha abandonado –de momento– el crimen como método de hacer política porque las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado la han acorralado, han detenido a sus dirigentes y les han demostrado que los tenían totalmente controlados. Ésa es la razón fundamental por la que ETA ha dejado de matar –por ahora–.

Y como no se ha disuelto, ni ha expresado su arrepentimiento, ni ha entregado los arsenales de armas y explosivos que tienen escondidos, ni ha pedido perdón, lo lógico es aceptar que ETA sigue existiendo. Eso significa que, aunque debilitada, la banda tiene unas armas, unos pistoleros y una estructura capaces de volver a matar. Esta existencia de ETA obliga al Estado de Derecho a defenderse de ella, para lo que es imprescindible que las Fuerzas de Seguridad continúen su labor de investigación y sigan deteniendo a todos los miembros de la banda, sean quienes sean.

Creo que estos razonamientos son difícilmente rebatibles. Por eso resulta escandaloso que los partidos de izquierda españoles hayan reaccionado como lo han hecho ante las detenciones de estos más que presuntos miembros de la organización criminal que más daño nos ha causado a los ciudadanos de España en los últimos 38 años. Y siempre habrá que recordar que, aunque el dolor de los que han perdido a sus seres queridos sólo podamos compartirlo en una pequeña parte, las víctimas de ETA somos todos los españoles.

Y hablando de escándalos, resultan inadmisibles las declaraciones de un diputado de Izquierda Unida, de cuyo nombre prefiero no acordarme, en las que afirma que estas detenciones «torpedean el proceso de paz» (¿de qué paz hablará este señor?) y están movidas por los «ultras de la AVT». Es una infamia inequívoca llamar «ultras» a esos miles de españoles a los que les han asesinado a sus familiares más cercanos por el solo hecho de ser españoles y que, a pesar de su dolor y de su rabia, jamás han caído en la venganza. ¿No será este señor el auténtico «ultra» del sectarismo y del rencor?

Si a esto se une el apoyo a la marcha a favor de los presos de ETA del pasado sábado por parte de Izquierda Unida de Cataluña y, por supuesto, de los antisistema de la CUP catalana, tenemos un retrato bastante completo de la incalificable posición de una parte nada desdeñable de la izquierda española con relación al terrorismo de ETA.

Se acercan ya importantes citas electorales. Lo lógico, lo sano y lo higiénico en una democracia es que existan, al menos, dos proyectos políticos alternativos, que, en los países más prósperos y civilizados, suelen ser uno de centroderecha y otro de centro-izquierda. Si los partidos de izquierda españoles, que han representado y tendrían que seguir representando a un porcentaje importante de los ciudadanos, no toman partido claramente por la Ley y por la defensa de la Nación en un asunto de tanta trascendencia como el terrorismo, creo que los ciudadanos tendrán que pensárselo más de una vez antes de votarles.