¡Dios sea loado!

En mi ya larga vida política no he encontrado ningún caso de responsable público al que le repela más el tener que dar cuentas de su gestión que a Manuela Carmena. Los datos lo demuestran de una manera inmisericorde.

Desde que es Alcaldesa hemos celebrado 18 Plenos Ordinarios. Todos los Grupos políticos hemos pedido su comparecencia en 7 ocasiones, que no es una barbaridad. Y de esas 7 ocasiones, la Alcaldesa ha comparecido en 4 veces. Las otras 3 ha delegado en alguno de sus concejales.

Los Grupos hemos dirigido a la Alcaldesa 14 preguntas, que tampoco es una barbaridad. Sólo ha contestado 9.

En total, junto con una interpelación que también delegó en alguno de sus subalternos, los Grupos Municipales hemos requerido 22 veces a la Alcaldesa para que nos dé cuenta de distintos aspectos de la gestión del Ayuntamiento. Y sólo se ha contestado en 13 ocasiones.

Con estos datos tengo razones de peso para adjudicarle el título de la responsable política que más ha rehuido el control de la oposición.

Para que se comprenda la dimensión de este desprecio a la oposición, diré que Ana Botella, en sus primeros veinte meses al frente del Ayuntamiento, contestó 48 preguntas. ¡Y Carmena sólo a 13! La cuarta parte que Ana Botella. Que se sepa.

No hay que darle más vueltas, a Carmena le molesta, y mucho, que la oposición la controle. Pero eso, el control del poder por la oposición, es la esencia de la democracia. Ese régimen que los compañeros del equipo de Gobierno de Carmena, abominan.