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29

jul

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Jordi Pujol

Por Esperanza Aguirre

28

jul

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Tras el congreso del PSOE

Por Esperanza Aguirre

getimageDurante el pasado fin de semana el Partido Socialista Obrero Español ha celebrado su Congreso Federal Extraordinario, que ha tenido como objeto fundamental la ratificación de Pedro Sánchez como nuevo secretario general, después de que, hace dos semanas, los militantes del partido lo eligieran para ese cargo en una votación abierta, en la que participó el 65% de los afiliados.

Llevamos ya 37 años de práctica democrática en España, encauzada, en gran medida, a través de los partidos políticos. Esta práctica, a causa, probablemente, de la Ley Electoral, ha hecho que los partidos se hayan convertido en estructuras piramidales, en las que la cúpula dirigente ha adquirido un enorme poder sobre el resto. Esto lo sabe hoy todo el mundo y, en primer lugar, los propios militantes de los partidos, que también saben que esta evidente hipertrofia del liderazgo en los partidos españoles tiene sus ventajas, y también sus inconvenientes.

De esa hipertrofia de liderazgo sale la enorme influencia ideológica y política que el líder máximo ejerce sobre todos los cuadros y los militantes del partido, sea el que sea.

La firmeza con que Felipe González defendió que el marxismo tenía que desaparecer de los dogmas de fe del PSOE y que este partido tenía que ser una opción de izquierda claramente diferenciada de los comunistas marcó la línea política de los socialistas españoles durante casi veinte años y les proporcionó el apoyo de una mayoría de ciudadanos que le dieron el triunfo en cuatro elecciones generales consecutivas. Nadie puede discutir que el PSOE fue, en aquellos años, lo que Felipe decía y dictaba.

Como tampoco se puede discutir que el esfuerzo de José María Aznar por aglutinar a todas las fuerzas políticas de derecha y de centro en un partido de corte liberal-conservador, en sintonía con los partidos europeos de esa familia ideológica fue la clave de los éxitos electorales del Partido Popular, durante unos años en los que el Partido Popular era lo que Aznar decía y dictaba.

Los éxitos electorales y políticos de Felipe González y de José María Aznar fueron éxitos basados en la decidida apuesta ideológica que cada uno de ellos tuvo que hacer en el seno de su partido.

Estos dos ejemplos, que fueron absolutamente positivos para sus formaciones y para suscitar el apoyo de los ciudadanos, pueden bastar para demostrar la inmensa trascendencia que en España tiene el liderazgo de los partidos.

Viene esto a cuento a propósito de la tarea que ahora se le presenta a Pedro Sánchez, que acaba de ser elegido líder máximo de un partido que cuenta con miles de militantes y con miles de cargos electos, que ha gobernado más tiempo que nadie, 21 años, de los 37 que llevamos de democracia, y que se agrupa detrás de una etiqueta reconocida en toda Europa por una serie de señas de identidad, entre las que se encuentra la defensa de la sociedad abierta, de la economía de mercado, de la propiedad, de la libertad y de la igualdad de los ciudadanos ante la Ley.

El análisis de la estructura y el funcionamiento que los partidos han tenido hasta ahora nos indicaría que el PSOE de los próximos años va a ser, en gran medida, lo que Pedro Sánchez sea, diga y dicte. La importancia de este partido y de la opción política que representa hace que todos los españoles tengamos que estar muy atentos, precisamente, a eso que Pedro Sánchez sea, diga y dicte a partir de ahora mismo.

Y mucho más en estos momentos marcados por profundas y difíciles crisis que nos preocupan y ocupan a todos. Recoge Pedro Sánchez un partido que, en las dos principales crisis que hoy tiene España, ha adoptado unas posiciones que la experiencia ha demostrado equivocadas.

Hoy, cuando las políticas más ortodoxas del Partido Popular empiezan a dar buenos resultados en el área económica, se hacen más evidentes los errores que en esa materia cometió el Partido Socialista con Zapatero como líder máximo. No parece que ahora tenga vigencia reivindicar un izquierdismo de carácter demagógico, del estilo del de los 400 euros de regalo para todos, o un keynesianismo trasnochado como el Plan E, que ya han demostrado su fracaso, por más que el éxito efímero del populismo bolivariano de Podemos pueda ser una tentación para que Sánchez caiga en el izquierdismo que ahora predican las diferentes familias del comunismo en España.

De la misma forma que la experiencia ha demostrado que el afán de los socialistas catalanes por ser más nacionalistas que los propios nacionalistas catalanes les ha conducido a una impresionante caída de votos, en beneficio de las opciones auténticamente nacionalistas.

Y es que, como seguro que Sánchez ya sabe, los ciudadanos, tanto en política económica como en lo que se refiere a la organización territorial del Estado, siempre van a preferir los originales a los sucedáneos. O sea, que para izquierdistas ya están los comunistas, y para nacionalistas, los independentistas.

La tarea de Sánchez es hoy tan importante como delicada: redefinir al PSOE, después de los errores que ha cometido en esas materias que son cruciales para los españoles, que necesitan, sin duda, una alternativa de gobierno de corte socialdemócrata, como la que tienen los ciudadanos de todos los demás países europeos.

22

jul

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El federalismo

Por Esperanza Aguirre

21

jul

25

Willi Münzenberg

Por Esperanza Aguirre

willi munzenbergPublicado el lunes 21 de julio de 2014 en La Quinta de ABC.

Los que nos dedicamos a la política sabemos muy bien que tan importante como elaborar y preparar eficaces propuestas para solucionar problemas de los ciudadanos es explicárselas con claridad y hacérselas atractivas. En realidad, esto lo sabe todo el mundo: hacer política es comunicar ideas y propuestas políticas. Comunicar bien, como pasa también con la publicidad, tiene mucho de arte. Y, como también pasa con la publicidad, ofrecer a los ciudadanos determinadas opciones y propuestas para que elijan entre ellas tiene un límite que no se puede sobrepasar: la verdad. En las ofertas estrictamente comerciales la publicidad engañosa acaba siendo desenmascarada por la realidad. En política, sin embargo, la experiencia nos enseña que hay mentiras que duran mucho tiempo y tienen consecuencias muy negativas para los ciudadanos, que son embaucados por manipuladores de sus ilusiones y de sus sentimientos.

Entre esos manipuladores ocupa un lugar muy destacado Joseph Goebbels, el que fue terrible ministro de Propaganda de Hitler. Sus teorías acerca de cómo debía ser la comunicación política nazi las resumió en once principios que, leídos hoy, impresionan por el descaro con que preconiza el uso de la mentira, de la difamación y de las marrullerías dialécticas.

Mucho menos conocido, pero incluso tan eficaz o más a la hora de utilizar la mentira al servicio de la propaganda política, fue el también alemán Willi Münzenberg. Nacido en 1889, muy joven empezó a militar en las Juventudes Socialistas y, cuando estalló la I Guerra Mundial, fue de aquellos socialistas alemanes que estuvieron en contra de la guerra, y, como consecuencia, se exilió en Suiza, que en aquellos años fue lugar de reunión de revolucionarios de todos los países. En Zúrich fue donde Trotsky le presentó a Lenin.

El Gobierno del Káiser alemán, con el objetivo de crearle un grave problema al Zar ruso y con la promesa de Lenin de que firmaría una paz por separado con Alemania, organizó, en abril de 1917, el traslado clandestino de Lenin en un tren sellado hasta San Petersburgo. ¡Y vaya si se lo creó! A los pocos meses Lenin dirigía la Revolución de Octubre, acababa con el régimen zarista e instauraba el comunismo en un país por primera vez en la historia. En 1919, en Petrogrado (el nuevo nombre que los soviéticos dieron a San Petersburgo, a la que llamarán Leningrado cuando muera el líder máximo), Lenin crea la Internacional Comunista (la Komintern) con el objeto de exportar la revolución a todos los países del mundo con el protagonismo de los respectivos partidos comunistas.

Allí ya intervino Willi Münzenberg, en representación del recién creado Partido Comunista alemán, con un discurso en el que dijo que la revolución necesitaba creadores de opinión de la clase media, artistas, periodistas, gentes de buena voluntad, novelistas, actores y dramaturgos, y no solo activistas de la clase obrera. Aunque Lenin en ese momento no le hizo mucho caso, Münzenberg acababa de inventar la figura de los «compañeros de viaje» del comunismo, que van a ser fundamentales a la hora de evitar el desprestigio de una teoría y una práctica que la realidad iría demostrando como nefastas día a día desde entonces.

Cuando sí recurrió Lenin a Münzenberg fue dos años después. En 1921 la nefasta política económica bolchevique, los estragos de la guerra civil rusa y el sectarismo de los comunistas produjeron una hambruna terrible en la región del Volga, que se saldó con más de dos millones de muertos. Lenin tuvo miedo de la repercusión de ese tremendo fracaso en el exterior y encargó a Münzenberg que, desde Berlín, organizara una campaña propagandística para disimular el desastre.

Así fue como Münzenberg lanzó su primera gran campaña de propaganda. Constituyó el Comité Extranjero para la Organización del Socorro Obrero para los Hambrientos en Rusia, y tuvo tal éxito que hasta figuras como Einstein y Anatole France figuraron entre los firmantes del llamamiento. Allí utilizó por primera vez la palabra «solidaridad» en lugar de la clásica «caridad».

A partir de ese momento, la actividad propagandística de Münzenberg en favor del comunismo se hace constante e inmensamente eficaz. Son muchísimos los episodios que va a dirigir en la sombra desde 1921 hasta que cayó en desgracia en 1936, cuando Stalin desató las purgas represivas dentro del Partido Comunista para acabar con todos los que pudieran hacerle sombra o supieran demasiado.

Sin temor a equivocarnos podemos afirmar que todas las iniciativas internacionales aparentemente pacifistas, filantrópicas, intelectuales o culturales que se emprendieron en esos años, y que, de manera velada, también apoyaban posiciones comunistas, tuvieron a Willi Münzenberg en su organización. Él es el máximo responsable de que una inmensa mayoría de los intelectuales de Occidente adoptaran una actitud comprensiva hacia la Unión Soviética y el comunismo. Por ejemplo, el caso Sacco y Vanzetti, el juicio y ejecución de dos anarquistas norteamericanos, acusados de un robo con homicidio, le sirvió para orquestar la primera gran campaña antiamericana de la historia.

También intervino en el reclutamiento de los «cinco de Cambridge», esos cinco espías británicos que tanto ayudaron a la Unión Soviética y al comunismo internacional. Y, por supuesto, en la organización de grandes congresos internacionales, como el de la Paz en Ámsterdam en 1932, o los de intelectuales, como el que tuvo lugar en Valencia en 1937, en plena Guerra Civil española. Todavía, desde París, tuvo su papel en la organización y recluta de las Brigadas Internacionales que vinieron a España, pero en 1936 Stalin ya había decidido que tenía que eliminarlo.

El 21 de junio de 1940, al día siguiente de la capitulación de Francia, Münzenberg apareció ahorcado en un bosquecillo del valle del Isère. Aunque nunca se ha dado una versión definitiva de esa muerte, todo parece indicar que fue un –otro– encargo de Stalin.

La vida apasionante de este maestro de la manipulación informativa está contada, a partir de documentación procedente de los archivos soviéticos, recién abiertos a principios de los noventa, por Stephen Koch en un interesante libro titulado «El fin de la inocencia». En este libro se comprueba cómo Münzenberg puso toda su desmesurada inteligencia, su habilidad para la manipulación informativa y su destreza en el manejo de la mentira al servicio de ideas que entonces pudieron parecer ilusionantes pero que la Historia ha demostrado que, además de ser profundamente equivocadas, donde se han aplicado solo han llevado opresión, miseria y crímenes.

15

jul

21

Una nueva ley electoral

Por Esperanza Aguirre

El PSOE tiene ya nuevo Secretario General. La elección de Pedro Sánchez debe servir para acabar con el largo periodo de crisis que ha vivido ese Partido desde su debacle electoral de 2011. Por eso, quiero felicitarle por su triunfo.

Creo que esta elección es una buena noticia para los socialistas españoles. Y me gustaría que también fuera una buena noticia para todos los españoles. Porque creo que para España, hoy, es bueno que el líder del centro-derecha, Mariano Rajoy, encuentre en el centro-izquierda a un líder legitimado por el apoyo de los militantes de su partido para abordar con él algunos asuntos que requieren el acuerdo de los dos grandes partidos.  Continuar →

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