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24

oct

1

Palabras ante la Junta Directiva Regional del Partido Popular de Madrid

Por Esperanza Aguirre

15602044945_153a6c2c99_zQueridos amigos y compañeros de la Junta Directiva Regional del Partido Popular de Madrid,

Estamos empezando el curso político. Un curso político que va a tener su culminación en el mes de mayo con las Elecciones Municipales y Autonómicas, que son una cita esencial para nuestro Partido en Madrid.

Creo que no hace falta que gaste adjetivos para calificar la extraordinaria importancia que este curso político y esa cita electoral tienen para nosotros.

Lo que sí tengo que hacer es señalaros que, si los cursos que acaban con unas elecciones siempre son trascendentales, éste lo es aún más por la cantidad y por la gravedad de los problemas políticos a los que tenemos que hacer frente.

Por todo eso, en esta reunión de la Junta Directiva Regional de nuestro Partido quiero hacer hincapié en el análisis de esos problemas políticos para que nos sirva para marcar las grandes líneas de lo que tiene que ser nuestro trabajo en este curso que estamos empezando.

Para eso es imprescindible empezar por identificar los principales problemas que hoy tenemos en España y en Madrid, y exponer las soluciones que nosotros, desde el Partido Popular, con nuestros principios, con nuestros militantes y con nuestra experiencia, queremos proponer a los ciudadanos.

El telón de fondo de la política española, como ocurre desde hace casi siete años, sigue siendo la profunda crisis económica en la que estamos metidos. Aunque hay algunos síntomas de recuperación, el desempleo, que es el problema más acuciante para los ciudadanos y, sobre todo, para los más jóvenes, sigue estando en unas cifras muy preocupantes.

La desmoralización que, en nuestra sociedad, está creando esta crisis económica se encuentra en la base de casi todos los demás problemas políticos que voy a analizar con vosotros.

Por eso, hay que seguir profundizando en aquellas políticas que están demostrando eficacia a la hora de activar la economía y de crear empleo.

Estas políticas eficaces son políticas que pueden parecer antipáticas, pero que se ha demostrado que son las únicas que pueden reactivar de una vez nuestra economía.

Y digo que son antipáticas porque la principal de esas políticas es la austeridad, y ya sabemos que la austeridad tiene muy mala prensa. Pero ¡que alguien me diga otra política mejor!

La prueba de que la austeridad es la mejor política para estos tiempos de crisis la tenemos en que la Comunidad de Madrid, a base de poner en práctica políticas de austeridad, a base de ser la campeona nacional de la austeridad, es la comunidad que mejores resultados está obteniendo en materia económica entre todas las demás Comunidades Autónomas de España.

Por eso quiero felicitar al Gobierno de la Comunidad de Madrid por la seriedad y el sentido de la responsabilidad con que, en estos años difíciles, está plantando cara a la crisis. Es admirable cómo está conjugando la austeridad, imprescindible para activar la economía de todos, con el mantenimiento de los servicios públicos para todos los madrileños.

Lo he dicho muchas veces, gestionar la abundancia puede ser fácil. Lo difícil es gestionar la escasez. Y el Gobierno de la Comunidad lo está haciendo con un rigor y una seriedad admirables.

Y si el Gobierno que preside Nacho González está haciendo más con menos, eso mismo se puede decir de nuestros alcaldes.

Es verdad que las circunstancias mandan y que la austeridad viene casi obligada por la situación económica, pero es también muy de admirar el esfuerzo tremendo que nuestros alcaldes están haciendo para aquilatar hasta el último euro de sus presupuestos y para dar a los ciudadanos los servicios que necesitan.

Esta austeridad general que estamos cultivando en el Partido Popular de Madrid, alguno la puede considerar un hándicap a la hora de afrontar las Elecciones de mayo.

Es verdad que siempre es más brillante y lucido poder inaugurar obras, colegios o centros de salud en los últimos meses de las Legislaturas, como demostración palpable de lo que se ha hecho.

Pero, en las actuales circunstancias, el éxito consiste en haber mantenido los servicios, y no tanto en la brillantez de cortar muchas cintas de inauguraciones.

Y en los municipios de la Comunidad de Madrid donde ha gobernado el Partido Popular, no sólo se han mantenido los servicios, sino que, en muchos casos, se ha logrado hasta reducir sustancialmente los endeudamientos.

En este capítulo hay que felicitar especialmente al Ayuntamiento de Madrid y a su Alcaldesa, Ana Botella, por la espectacular reducción de la deuda que han conseguido llevar a cabo.

El esfuerzo de este equipo de gobierno del Ayuntamiento se hace merecedor del agradecimiento de todos los madrileños. Y desde luego, del nuestro.

A las Elecciones de mayo iremos con todas nuestras ilusiones, con todas nuestras fuerzas y con todos nuestros proyectos para Madrid y para todos los madrileños. Con unos proyectos que quieren profundizar en todo lo que hemos construido en los últimos años, y que han convertido a Madrid en la primera Comunidad Autónoma de España.

Pero la realidad es que afrontar unas elecciones, como las que nos esperan en mayo, con políticas de austeridad nos va a obligar a todos a hacer un enorme esfuerzo de explicación a los ciudadanos

Porque esta vez va a haber muchas menos cintas de inauguración, aunque alguna habrá.

Por eso, una de las líneas de nuestra actuación en los próximos meses tiene que estar dirigida a explicar que, para salir definitivamente de la crisis, es necesario continuar con esas políticas de austeridad y ahorro, porque son las únicas que pueden dar solución a los enormes problemas económicos que aún nos acucian.

Y aquí tropezamos con el segundo gran problema al que tenemos que hacer frente en estos momentos: la corrupción.

Es una experiencia que todos estamos teniendo en los últimos tiempos: a la hora de cualquier debate, de cualquier discusión o de cualquier simple conversación con amigos, cuando exponemos nuestros argumentos a favor de la austeridad, inmediatamente hay algún interlocutor que nos replica que cómo podemos pedir austeridad al conjunto de los ciudadanos, cuando hay políticos que se lo han llevado o se lo están llevando “crudo”.

Y la realidad es que esa réplica nos deja descolocados. Y nos deja descolocados porque esos interlocutores tienen razón en denunciar a los políticos corruptos y en estar indignados. Y nosotros tenemos que reconocer el inmenso daño que esos políticos corruptos están haciendo a los que no lo somos y, en general, al funcionamiento de todas las instituciones democráticas.

Y pedir excusas en nombre de todo el Partido, en nombre de todos los militantes honrados, que somos los primeros indignados por esos comportamientos.

Siempre os he dicho que ninguna institución política está libre de que en su seno actúe algún corrupto. Y que lo que diferencia a unos de otros es cómo reaccionan ante la corrupción.

Vosotros sabéis que a mí no me ha temblado el pulso a la hora de actuar contra los corruptos, mucho antes, incluso, de que actuase la Justicia.

Pero creo que ahora hay que dar una vuelta de tuerca más en nuestro compromiso contra la corrupción y a favor de la limpieza de los políticos.

Ya no se trata simplemente de actuar contra el que sea corrupto, se trata de poner todos los medios necesarios para prevenir la aparición de esos corruptos. Se trata de prevenir, se trata de controlar mejor a todos los miembros de nuestro Partido que ostentan o pueden ostentar alguna representación pública.

Para eso, quiero anunciaros que voy a pedir al Comité Electoral Regional que articule un procedimiento para que todas, absolutamente todas las personas que vayan a representar al Partido Popular en las próximas Elecciones Municipales y Autonómicas, antes de ser incluidas en las listas, tengan que presentar en un Registro del Partido una declaración detallada de sus bienes, de sus intereses, de su cualificación profesional y de sus ingresos salariales antes de entrar en política.

Creo que la simple declaración oficial de bienes que ahora hay que hacer al entrar o salir de la política, con la que se puede comprobar si se ha producido un enriquecimiento injustificado, no está siendo suficientemente eficaz a la hora de atajar esos casos que hoy a todos nos avergüenzan y que tanto daño están haciendo a la vida política española y a la de nuestro Partido.

Nadie puede enriquecerse con la política. Nadie puede pretender vivir de la política mejor de lo que viviría fuera de la política. Esto es así. Esto lo saben todos nuestros militantes. Y, desde luego, lo saben y lo creen firmemente todos nuestros militantes de base, todos esos que se sacrifican por defender nuestros principios y nuestras ideas

Y en el Partido Popular de Madrid vamos a estar muy atentos para evitar que ninguno de los nuestros pueda caer en la tentación de querer enriquecerse a costa de sus conciudadanos. Que eso es, precisamente, la corrupción.

La crisis económica y el desprestigio de la política a que nos han conducido los escándalos de corrupción no pueden hacernos olvidar el otro gran problema que hoy tenemos los españoles. Me refiero al desafío secesionista de los nacionalistas catalanes.

Desde hace unos meses todos los días, o casi, nos desayunamos con un escándalo que salpica a Jordi Pujol y su familia.

Que el patriarca del nacionalismo catalán, el que en algunos momentos ha llegado a identificar Cataluña consigo mismo, haya sido descubierto en medio de un entramado de operaciones millonarias de dudosa explicación, es la demostración de hasta qué punto el proyecto que lideraba no es digno.

Y, sobre todo, no es digno de los honrados ciudadanos de Cataluña, a los que, ahora se ve con nitidez, quería manipular en provecho propio.

Pero no quiero hoy perder el tiempo demostrado la ilegalidad y la incongruencia del independentismo catalán.

La ilegalidad es evidente, y hasta Artur Mas ha comprendido que, si se salta la Ley a la torera, se convierte no sólo en un delincuente, sino en un personaje de república bananera, que no será considerado por nadie en toda la comunidad internacional.

Lo que quiero hoy es reflexionar sobre la mejor manera de conseguir que el independentismo no acabe provocando en el resto de los españoles un rechazo hacia Cataluña, lo catalán y los catalanes.

Es verdad que los catalanes que quieren separarse de España adoptan una posición de rechazo o de desprecio hacia el resto de los españoles.

Pero la respuesta no puede ser la de rechazarlos a ellos, sino todo lo contrario. Tenemos que mirar todo lo catalán como algo muy propio. Por eso, será siempre bien recibido todo lo que se haga para fomentar el conocimiento de la historia, la cultura y la lengua catalanas en todo el resto de España.

En este sentido, quiero recordar que la Comunidad de Madrid ya ha demostrado su compromiso con los hablantes de esa lengua española con el ofrecimiento de crear el Colegio Público “Josep Tarradellas” para todas aquellas familias que quieran escolarizar a sus hijos en catalán en nuestra ciudad.

También quiero deciros que, al mismo tiempo que respondemos con la Ley al desafío nacionalista, tenemos que ir perfilando las reformas que habrá que introducir en nuestro Estado de las Autonomías. Un Estado de las Autonomías, diseñado para satisfacer las pretensiones de los nacionalistas, que ha fracasado en el que era su principal objetivo. Esto hay que reconocerlo para poderlo reformar.

Queridos amigos,

Con lo que os he dicho hasta ahora creo que queda justificada la afirmación que hacía al principio de mi intervención, cuando os aseguraba que los problemas que tenemos que afrontar en este curso político son más graves y trascendentes que nunca.

Es verdad. Son graves y difíciles.
Pero no podemos, ni debemos, ni queremos caer en el catastrofismo.

Un catastrofismo que, a veces, asoma entre nosotros. Porque todos hemos escuchado a algunos, que, ante los incalificables casos de corrupción que se han descubierto, dicen que no hay más solución que la de cargarse el régimen constitucional en que vivimos desde 1978.

Como si la Constitución de 1978 fuera la responsable de lo que hacen unos sinvergüenzas. No. No estoy dispuesta a aceptar lo que dicen los que quieren acabar con la Constitución.

La Constitución del 78, con sus posibles fallos, se agiganta aún más cuando contemplamos a los que quieren liquidarla y sus propuestas.

Por el contrario, nosotros creemos que nuestra Constitución, la Constitución del consenso y de la concordia, es el marco más adecuado para afrontar la lucha contra la corrupción y para resolver todos los problemas que se nos plantean hoy en día a los españoles.

Y lo mismo que os digo de nuestra Constitución y de nuestro régimen de libertades, que la Constitución nos garantiza, quiero decíroslo de nuestro Partido.

El Partido Popular no son, por supuesto, sus miembros que han caído en la corrupción.

Pero es que el Partido Popular tampoco lo somos sus dirigentes. Os diría que ni siquiera los son los miles de militantes anónimos y abnegados que lo sostienen.

El Partido Popular son las voluntades de muchos millones de españoles, que quieren que sus instituciones sean gobernadas de acuerdo con unos principios en los que ellos creen con firmeza y con ilusión.
Unos principios que no me voy a cansar de repetir siempre que, como hoy, haya que hacer una reflexión política.

El primero, la primacía de la libertad de las personas. De manera que el Estado esté siempre al servicio de los ciudadanos y nunca los ciudadanos al servicio del Estado.

Y el segundo, e igual de importante, que España es, y tiene que seguir siendo, una Nación de ciudadanos libres e iguales, que, además, tienen que tener motivos para estar orgullosos de ser españoles.

En esta hora difícil de nuestra Historia, el Partido Popular, como organización, tiene que estar a la altura de lo que le demandan los millones de españoles que comulgan con estos dos principios básicos.
Para ofrecerles unas propuestas dignas de esos principios y dignas de todos los españoles.

Y no me cabe la menor duda de que, precisamente ahora, tenemos que hacer todo lo que esté en nuestra mano para conseguir que vengan a nuestras filas todos los que defienden y creen en estos dos principios fundamentales.

Para luchar por esos principios necesitamos a todos.

Si permanecemos fieles a estos principios el Partido Popular seguirá siendo el favorito de los madrileños y de los españoles.

Queridos amigos,

No quiero terminar esta intervención, en la que he abordado los problemas políticos más candentes, sin unas palabras de agradecimiento y de admiración para todos los médicos y el personal sanitario que está luchando contra el virus del Ébola en la Comunidad de Madrid.

Una vez más, Madrid ha sido la punta de lanza de la medicina de España. Y eso se lo debemos a nuestros médicos, a nuestras enfermeras y a nuestros auxiliares de enfermería, que, como Teresa Romero, se han jugado literalmente la vida, para salvar las vidas de los demás.

Personas como Teresa, como los que la han atendido y curado, como los misioneros que han dado su vida por ayudar a los más desfavorecidos de la tierra en África, son el mejor argumento para mirar el futuro con optimismo.

Estoy convencida de que si recuperamos plenamente el sentido de servicio a los demás que tiene la política, saldremos de todas las crisis y venceremos todas las dificultades a las que ahora tenemos que hacer frente.

Muchas gracias.

20

oct

2

Tarjetas opacas

Por Esperanza Aguirre

España sigue hoy con más de cinco millones de parados, lleva más de seis años inmersa en una profunda crisis económica y, por primera vez en su historia, está contemplando cómo el porvenir de los hijos se presenta más oscuro, más difícil y menos esperanzador que el que tuvieron sus padres. Pues bien, con este dramático panorama general, la noticia de que unos consejeros y ejecutivos de Caja Madrid –puestos a los que la mayoría de ellos accedieron gracias a sus relaciones con partidos políticos, centrales sindicales o patronales– tuvieron el privilegio de utilizar una tarjeta de crédito que era opaca fiscalmente y cuyos gastos no tenían que justificar, ha sido un motivo más para provocar la indignación generalizada de los ciudadanos. Porque no es ningún secreto que los ciudadanos están indignados, muy indignados, con los políticos porque, de un tiempo a esta parte, no paran de descubrirse operaciones y escándalos que revelan un grado de corrupción de nuestra clase política que resulta absolutamente intolerable. De nuestra clase política, de nuestros sindicatos y de nuestra patronal.

Gürtel y Bárcenas en el Partido Popular, los ERE de Andalucía en el PSOE, en la UGT y en Comisiones Obreras, los Pujol y demás escándalos en la Cataluña de los nacionalistas, por citar solo los más conocidos y llamativos, son una buena muestra de casos de corrupción que escandalizan a cualquiera y que, desde luego, tienen enfurecidos a los ciudadanos. Y con razón.

En este marco de crisis económica y desempleo, y con todos esos casos de corrupción presentes en los medios de comunicación, es absolutamente comprensible que la noticia de las tarjetas fiscalmente opacas de Caja Madrid haya provocado la indignación ciudadana. Que, cuando la mayoría de los jóvenes españoles –incluso los que han terminado brillantemente sus estudios universitarios– esté trabajando –los que pueden– por menos de mil euros al mes, unos señores, por el simple hecho de tener buenas relaciones con los partidos, los sindicatos o la patronal, hayan podido estar tirando de tarjeta para gastar o para sacar muchos más de mil euros al mes sin justificar, es lógico que provoque esa indignación. Indignación que se hace aún mayor cuando sabemos, como sabemos, que ellos –los consejeros y los ejecutivos de las tarjetas– han estado al frente de esa caja durante el periodo que la ha llevado a la quiebra, que solo con la intervención del Estado se ha podido evitar.

Hagamos un poco de historia. Las cajas, empezando por la de Madrid, que fundó el padre Piquer a principios del siglo XVIII, se crearon como entidades de beneficencia para permitir el acceso al crédito a los más desfavorecidos. Eran, pues, instituciones sin ánimo de lucro. El éxito de su benemérita actividad las hizo crecer hasta el punto de que, en 1977, un Real Decreto les permitió realizar las mismas operaciones que las autorizadas a la banca privada. En ese periodo de expansión de las cajas llegó la Ley de Cajas de 1985. Una ley socialista, que pretendió democratizarlas y que lo que hizo, como luego hemos comprobado, fue politizarlas. A imitación de los bancos privados, las cajas se dotaron de consejos de administración. Pero, a diferencia de los bancos privados, en los que los consejeros son nombrados con la aquiescencia y el conocimiento de los propietarios del banco –es decir, de sus accionistas–, en las cajas los consejeros fueron nombrados por los partidos políticos, los sindicatos y la patronal, a los que la ley atribuía la representación democrática. Es decir, que las cajas han carecido de propietarios. De propietarios que pidieran cuentas y que fiscalizaran lo que hacían esos consejeros y directivos nombrados por políticos, sindicalistas o patronos.

Es imprescindible que, a la hora de depurar responsabilidades, se sepa cómo y quiénes transformaron el sistema de tarjetas que tenía Caja Madrid de gastos «a justificar» con un límite de 600 euros mensuales, en un sistema opaco y fraudulento que, al parecer, se contabilizaba manualmente como «quebrantos» o errores informáticos, sin que los auditores externos ni los internos dieran las señales de alarma que tenían que haber emitido.

La opacidad de estas tarjetas da una idea de la sensación de impunidad con que actuaban los directivos de la caja, y puede explicar la incomprensible trayectoria de esa institución, que, bajo su dirección, pasó de ser una de las entidades crediticias más sólidas de España a quebrar estrepitosamente.

14

oct

27

Quieren ir hacia un régimen bolivariano. Si no, que lo desmientan

Por Esperanza Aguirre

la foto-4Podemos o Pablo Iglesias han presentado una querella criminal contra mí y la Ley les obliga a presentar un acto de conciliación previo. No creo que se quiera conciliar porque lo que quiere es que yo le pague 100.000 euros por haber reproducido en un comentario editorial en La Cope el día 1 de julio los titulares de algunos de algunos de los periódicos de máxima difusión de este país, en concreto El Mundo y El País. 

Estos son los titulares:  Continuar →

13

oct

17

Heroicos médicos y enfermeras

Por Esperanza Aguirre

medicos

La aparición en Madrid del primer caso de contagio por el virus del ébola fuera de África en la persona de una auxiliar de enfermería, Teresa Romero, ha provocado una lógica alarma social y una catarata de comentarios y de opiniones, no todas afortunadas, y algunas, claramente censurables. La mayoría de esos comentarios y declaraciones se han dedicado a criticar, con más o menos conocimiento de causa, las actuaciones de las autoridades. Es bastante comprensible que el miedo a lo que pudiera ser una expansión de la enfermedad en España haya desatado esas críticas, aunque algunas de ellas sean claramente injustas, y otras, injustificadas.  Continuar →

6

oct

0

Nuestros padres mintieron

Por Esperanza Aguirre

nuestros padres

El 27 de septiembre de 1915, en el curso de la batalla de Loos, otra de las terribles, absurdas y mortíferas batallas de la I Guerra Mundial, desparecía en combate el segundo teniente de los Irish Guards, John (Jack) Kipling. Hacía apenas un mes que había cumplido 18 años y era hijo, el único hijo varón, de Rudyard Kipling, que para entonces ya era una de las glorias vivientes de la literatura inglesa (en 1907 había sido el primer escritor británico en obtener el premio Nobel de Literatura). Aquella muerte trastornó para siempre la vida de Kipling, que dedicó a su desaparecido hijo Jack algún poema especialmente emocionante. Al acabar la contienda, redactó un estremecedor epitafio dedicado a su hijo, pero también a tantos chicos jovencísimos que, como él, habían perdido la vida en aquella guerra incomprensible: «If anyone asks why we died/ Tell them, because our parents lied» («Si alguno pregunta por qué hemos muerto/ diles, porque nuestros padres mintieron»).  Continuar →

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