El pasado sábado ETA organizó un mitin en Biarritz para pedir que se suspendan los procedimientos judiciales contra algunos de sus miembros y puedan regresar tranquilamente a sus casas. Que nadie piense que el mitin fue una humilde petición de perdón por el daño causado en los más de 50 años de crímenes, para después de pedir perdón pedir clemencia. Nada de eso, todo lo contrario: fue un acto de exaltación de lo que ETA ha conseguido gracias a esos crímenes.
Al mismo tiempo fue un intento de lograr que ahora, por dejar de matar, ETA siga consiguiendo sus objetivos. ETA ni se ha disuelto, ni ha entregado las armas y explosivos, ni ha pedido perdón a las víctimas ni ha reconocido el carácter criminal y totalitario de su siniestra historia.
En una desfachatez intolerable. Si los etarras quieren demostrar de manera fehaciente su voluntad de cerrar la página de crímenes que ellos abrieron, tienen que dar un primer paso que cualquier persona normal consideraría imprescindible: tendrían que colaborar con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para aclarar la autoría de los 326 asesinatos que aún no están esclarecidos, de los 858 que los etarras han cometido, que es nada menos que el 38% de todos sus crímenes.
Mientras no hagan eso todas sus declaraciones serán papel mojado y todos sus mítines, una demostración de cinismo que los españoles ni debemos ni podemos consentir.
Don José de Echegaray (1832-1916) fue el primer Premio Nobel español. En 1904 lo fue de Literatura. Es verdad que sus obras de teatro no han resistido bien el paso del tiempo, como también es verdad que los entonces jóvenes brillantes de la Generación del 98 (ValleInclán, Baroja o Azorín) le hicieron el blanco de sus críticas y buscaron la manera de desprestigiarle. Es famosa la anécdota de Valle-Inclán que decía que había mandado una carta a la calle Echegaray poniendo en el sobre «calle del viejo idiota» y el cartero la había llevado a su destino sin dudar.
Y es una pena que las críticas de los del 98 a la literatura de Echegaray hayan oscurecido otros aspectos de su personalidad y de su biografía que son bastante interesantes. Porque, además de autor dramático, Echegaray fue un brillante Ingeniero de Caminos, fue el mejor matemático español del siglo XIX y fue un inteligente y comprometido político liberal, que tuvo un importante protagonismo en muchos episodios fundamentales de la historia de su tiempo. Entre otros cargos relevantes fue en varias ocasiones ministro, de Fomento y de Hacienda.
Como ministro de Hacienda nos ha dejado una frase llena de buen sentido que todos los políticos deberíamos tener siempre presente: «Para el creyente, la salvación está en el santo temor de Dios; para todo ministro de Hacienda, para los Gobiernos, para el país, la salvación está en el santo temor al déficit. Y si no queréis hacerlo santo, decid en el patriótico temor al déficit».
Y es que el déficit acaba siempre convertido en deuda. Y las deudas hay que pagarlas. Que tenemos que pagar los que nos endeudamos y, lo que es peor, que tendrán que pagar nuestros hijos o nuestros nietos. Es decir, el déficit de hoy puede ser la ruina de varias generaciones posteriores.
De ahí la prevención de Echegaray y de todos los políticos sensatos hacia el déficit. Y no olvidemos que el déficit no es otra cosa que gastar más de lo que se ingresa. Y de ahí, la irresponsabilidad de los que creen que de la crisis actual se puede salir a base de endeudarse más. Ésta es una crisis de deuda y, como tal, no puede arreglarse con más deuda.
La experiencia de perder el miedo al déficit ya la hemos hecho en España con los socialistas de Zapatero y estamos sufriendo sus consecuencias. Hay que recordar que el gobierno socialista llegó a cerrar el año 2007 con un superávit del 2,23% sobre el PIB, algo de lo que Zapatero se mostraba satisfecho, y con razón. Sin embargo, cuando la crisis se desató, lo único que se le ocurrió fue recurrir a endeudarse. Así, en 2009 el déficit llegó a un escandaloso 11,1%, para, incluso después de las medidas que le obligaron a tomar las instancias internacionales en mayo de 2010, cerrar 2011 con un déficit del 8,97%, que fue la tremenda herencia que dejó al gobierno del Partido Popular.
Así que mucho ojo con las recetas socialistas de recurrir a la deuda para intentar solucionar las crisis económicas. Es mucho más sensato y patriótico hacer caso al viejo Echegaray y mantener siempre ese santo temor al déficit.
Es muy interesante reparar en cómo Echegaray, con cierto sentido del humor pero con mucha intención, nos propone sustituir «el santo temor» por «el patriótico temor» al déficit. Por un lado, evita así meterse en cuestiones teológicas porque quién es él para dictaminar qué es santo y qué no lo es. Y por otro lado nos obliga a pensar en el sentido patriótico que tiene el no caer en el déficit. El patriotismo tiene que ver con el compromiso que todos tenemos con nuestra Patria. Y la Patria no es algo abstracto, la patria son todos los que comparten con nosotros una Historia, una cultura, una lengua y un proyecto común. Son los que comparten todo eso en el momento presente. Pero también los que lo han compartido en el pasado y los que van a compartirlo en el futuro.
En ese sentido, dejar una deuda que hipoteque el bienestar de las generaciones futuras es profundamente antipatriótico.
Por eso todas las decisiones de política económica que ahora se tomen deberían tener en cuenta, como nos dice Echegaray, ese deber patriótico de no endeudar a los que vienen detrás de nosotros. Aunque eso nos obligue hoy a apretarnos un poco más el cinturón.
El pasado jueves en la Asamblea tuvo lugar una votación que yo creo que expresa la actitud que los partidos de izquierda españoles mantienen frente a la imperiosa necesidad de reformar las instituciones, que es lo que nos están exigiendo todos los ciudadanos.
En un momento en el que se hacen ineludibles las reformas para reducir el gasto público, para disminuir el número de representantes políticos el Grupo Parlamentario Popular presentó una proposición para reducir a la mitad el número de diputados de la Asamblea, pasar de los 129 actuales a 65, que es una medida que supone un importante ahorro para los contribuyentes madrileños y además era una medida para transmitir a los ciudadanos que los representantes también quieren apretarse el cinturón como está haciendo todo el mundo: empresas, familias…
Llegado el momento de la votación, los diputados del Partido Popular a pesar de que con una reducción a la mitad del número de escaños saben que muchos de ellos perderían su puesto y su sueldo de parlamentarios, votaron a favor de la reforma. Y los diputados socialistas y los comunistas de Izquierda Unida votaron como un solo hombre en contra de esta sensata propuesta de reducir a la mitad el número de diputados.
Este es un ejemplo regional para que se conozca cuál es la verdadera actitud de los partidos de izquierda a la hora de hacer sacrificios en estos tiempos de vacas flacas, cuál es su voluntad de sacrificarse y de perder los sueldos, que es nula.
Que no se confunda nadie, que lo sepa todo el mundo: socialistas y comunistas no están dispuestos a sacrificarse lo más mínimo por los demás ciudadanos, por difícil que sea la situación económica y por mucho que se les llene la boca hablando de solidaridad. Mucha solidaridad en sus discursos pero ninguna cuando tocan sus intereses.
El Parlamento Europeo acaba de conceder el premio «Ciudadano Europeo 2013» a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Ese premio, con tan rimbombante nombre, se concede, según dicen los que lo han otorgado, para reconocer «la tarea de las personas u organizaciones excepcionales que luchen por los valores europeos y promuevan la integración entre ciudadanos y los Estados miembros».
Esa plataforma, que se autoproclama representante de aquellas personas que constituyeron una hipoteca con su banco y que ahora no pueden hacer frente a sus gastos, tiene como líder a una persona que ha reconocido que nunca constituyó hipoteca alguna. Esa plataforma se ha dado a conocer y se ha hecho famosa por atacar sin tregua a los políticos del Partido Popular, que, aunque los de la plataforma no quieran enterarse, representan democráticamente a la mayoría de los españoles.
Sus ataques no se han limitado a expresar posibles críticas jurídicas, políticas o económicas a las posiciones que el Partido Popular ha tomado en este campo, sino que también han incluido los insultos personales, el acoso a los familiares de los políticos populares, aunque sean niños, el cerco de sus viviendas, el empapelamiento de las puertas de sus casas o incluso el incendio de la puerta de una de ellas.
Borrachos de un sentimiento de superioridad moral que da miedo, convencidos de que son los representantes de la Bondad en la tierra, los que acuden a las acciones de acoso violento (sí, sí, violento, porque violencia es chillar en la puerta de la casa de cualquier ciudadano para insultarle en presencia de sus hijos pequeños) y su líder han protagonizado unos episodios de desprecio al Estado de Derecho y a la democracia que son repudiables.
Pues bien, a estos señores que chillan a los niños el Parlamento europeo les acaba de premiar porque, según los diputados allí sedentes y cobrantes, constituyen una organización excepcional en su lucha por los valores europeos y en favor de la integración de los ciudadanos. Como esperpento no está nada mal.
Esta noticia ya sería suficiente para provocar la indignación de cualquier europeo consciente de que los valores en que se sustenta la idea de Europa son la libertad, la dignidad de las personas, la igualdad ante la ley de todos los ciudadanos, la propiedad, el Estado de Derecho y el imperio de la ley. A mí, además, esta disparatada noticia lo que me ha provocado es indignación, al comprobar, una vez más, cómo las burocracias y las instituciones bruselenses están absolutamente alejadas de los ciudadanos.
Cuando Margaret Thatcher era acusada de ser antieuropeísta, razonó con enorme precisión que, en primer lugar, nadie como Inglaterra había defendido de verdad a lo largo de la Historia los auténticos valores de Europa frente a los totalitarismos, que, curiosamente, habían nacido y crecido en el continente. A continuación, «La Dama de Hierro» argumentó que la democracia exige siempre un constante control de los representantes por parte de los representados para que el Estado esté siempre al servicio de los ciudadanos y nunca los ciudadanos al servicio del Estado. Para concluir que no estaba dispuesta a aceptar que, después del esfuerzo que había hecho para reducir el intervencionismo del Estado en Inglaterra, vinieran los burócratas de Bruselas, mucho más ajenos y lejanos a la realidad de Gran Bretaña, a intervenir con sus normativas y directivas en la vida de los ingleses.
Este premio es otra magnífica demostración de que los temores de la señora Thatcher estaban más que fundados. Los parlamentarios europeos, desde esa lejanía absoluta que los separa de los ciudadanos que les pagamos sus suculentos sueldos, han demostrado que no saben de lo que hablan o, en caso de que sí lo sepan, que no tienen el mínimo respeto por esos valores europeos, que grandilocuentemente citan para justificar esta tropelía y para cultivar la conciencia de que ellos también son muy buenos porque sufren cuando ven que hay familias que, por las razones que sean, ya no pueden hacer frente al pago de sus hipotecas. Aunque a la hora de ofrecer soluciones reales a este problema real sólo se les ocurra premiar a los que atacan a los representantes electos del Partido Popular.
Sobran muchas instituciones políticas y burocracias que los ciudadanos tienen que sostener con sus impuestos, desde luego. Pero creo que va siendo hora de pensar que entre las que podrían ser reducidas drásticamente están algunas de las europeas. Este premio a una plataforma que se ha especializado en acosar a los políticos del partido que representa a la mayoría de los españoles demuestra cómo en algunas de esas instituciones nos toman a los ciudadanos españoles por el pito del sereno.
Hace menos de una semana Izquierda Unida anunció que se compromete a apoyar el ejercicio del derecho a decidir del pueblo de Cataluña y de otros pueblos del Estado que manifiesten su voluntad de ejercer ese derecho.
Con esa declaración, los comunistas y sus compañeros en Izquierda Unida se colocan contra la Constitución española. Hay que tener en cuenta que el Partido Comunista de España fue fundamental en la elaboración de la Constitución de 1978, la Constitución del consenso y de la concordia. Y por supuesto pidió el sí en el referéndum que la aprobó. (más…)

