Estoy en:

20 de octubre de 2014

Tarjetas opacas

Esperanza Aguirre

España sigue hoy con más de cinco millones de parados, lleva más de seis años inmersa en una profunda crisis económica y, por primera vez en su historia, está contemplando cómo el porvenir de los hijos se presenta más oscuro, más difícil y menos esperanzador que el que tuvieron sus padres. Pues bien, con este dramático panorama general, la noticia de que unos consejeros y ejecutivos de Caja Madrid –puestos a los que la mayoría de ellos accedieron gracias a sus relaciones con partidos políticos, centrales sindicales o patronales– tuvieron el privilegio de utilizar una tarjeta de crédito que era opaca fiscalmente y cuyos gastos no tenían que justificar, ha sido un motivo más para provocar la indignación generalizada de los ciudadanos. Porque no es ningún secreto que los ciudadanos están indignados, muy indignados, con los políticos porque, de un tiempo a esta parte, no paran de descubrirse operaciones y escándalos que revelan un grado de corrupción de nuestra clase política que resulta absolutamente intolerable. De nuestra clase política, de nuestros sindicatos y de nuestra patronal.

Gürtel y Bárcenas en el Partido Popular, los ERE de Andalucía en el PSOE, en la UGT y en Comisiones Obreras, los Pujol y demás escándalos en la Cataluña de los nacionalistas, por citar solo los más conocidos y llamativos, son una buena muestra de casos de corrupción que escandalizan a cualquiera y que, desde luego, tienen enfurecidos a los ciudadanos. Y con razón.

En este marco de crisis económica y desempleo, y con todos esos casos de corrupción presentes en los medios de comunicación, es absolutamente comprensible que la noticia de las tarjetas fiscalmente opacas de Caja Madrid haya provocado la indignación ciudadana. Que, cuando la mayoría de los jóvenes españoles –incluso los que han terminado brillantemente sus estudios universitarios– esté trabajando –los que pueden– por menos de mil euros al mes, unos señores, por el simple hecho de tener buenas relaciones con los partidos, los sindicatos o la patronal, hayan podido estar tirando de tarjeta para gastar o para sacar muchos más de mil euros al mes sin justificar, es lógico que provoque esa indignación. Indignación que se hace aún mayor cuando sabemos, como sabemos, que ellos –los consejeros y los ejecutivos de las tarjetas– han estado al frente de esa caja durante el periodo que la ha llevado a la quiebra, que solo con la intervención del Estado se ha podido evitar.

Hagamos un poco de historia. Las cajas, empezando por la de Madrid, que fundó el padre Piquer a principios del siglo XVIII, se crearon como entidades de beneficencia para permitir el acceso al crédito a los más desfavorecidos. Eran, pues, instituciones sin ánimo de lucro. El éxito de su benemérita actividad las hizo crecer hasta el punto de que, en 1977, un Real Decreto les permitió realizar las mismas operaciones que las autorizadas a la banca privada. En ese periodo de expansión de las cajas llegó la Ley de Cajas de 1985. Una ley socialista, que pretendió democratizarlas y que lo que hizo, como luego hemos comprobado, fue politizarlas. A imitación de los bancos privados, las cajas se dotaron de consejos de administración. Pero, a diferencia de los bancos privados, en los que los consejeros son nombrados con la aquiescencia y el conocimiento de los propietarios del banco –es decir, de sus accionistas–, en las cajas los consejeros fueron nombrados por los partidos políticos, los sindicatos y la patronal, a los que la ley atribuía la representación democrática. Es decir, que las cajas han carecido de propietarios. De propietarios que pidieran cuentas y que fiscalizaran lo que hacían esos consejeros y directivos nombrados por políticos, sindicalistas o patronos.

Es imprescindible que, a la hora de depurar responsabilidades, se sepa cómo y quiénes transformaron el sistema de tarjetas que tenía Caja Madrid de gastos «a justificar» con un límite de 600 euros mensuales, en un sistema opaco y fraudulento que, al parecer, se contabilizaba manualmente como «quebrantos» o errores informáticos, sin que los auditores externos ni los internos dieran las señales de alarma que tenían que haber emitido.

La opacidad de estas tarjetas da una idea de la sensación de impunidad con que actuaban los directivos de la caja, y puede explicar la incomprensible trayectoria de esa institución, que, bajo su dirección, pasó de ser una de las entidades crediticias más sólidas de España a quebrar estrepitosamente.

Print Friendly and PDF
14 de octubre de 2014

Quieren ir hacia un régimen bolivariano. Si no, que lo desmientan

Esperanza Aguirre

la foto-4Podemos o Pablo Iglesias han presentado una querella criminal contra mí y la Ley les obliga a presentar un acto de conciliación previo. No creo que se quiera conciliar porque lo que quiere es que yo le pague 100.000 euros por haber reproducido en un comentario editorial en La Cope el día 1 de julio los titulares de algunos de algunos de los periódicos de máxima difusión de este país, en concreto El Mundo y El País. 

Estos son los titulares:  (más…)

Print Friendly and PDF
13 de octubre de 2014

Heroicos médicos y enfermeras

Esperanza Aguirre

medicos

La aparición en Madrid del primer caso de contagio por el virus del ébola fuera de África en la persona de una auxiliar de enfermería, Teresa Romero, ha provocado una lógica alarma social y una catarata de comentarios y de opiniones, no todas afortunadas, y algunas, claramente censurables. La mayoría de esos comentarios y declaraciones se han dedicado a criticar, con más o menos conocimiento de causa, las actuaciones de las autoridades. Es bastante comprensible que el miedo a lo que pudiera ser una expansión de la enfermedad en España haya desatado esas críticas, aunque algunas de ellas sean claramente injustas, y otras, injustificadas.  (más…)

Print Friendly and PDF
6 de octubre de 2014

Nuestros padres mintieron

Esperanza Aguirre

nuestros padres

El 27 de septiembre de 1915, en el curso de la batalla de Loos, otra de las terribles, absurdas y mortíferas batallas de la I Guerra Mundial, desparecía en combate el segundo teniente de los Irish Guards, John (Jack) Kipling. Hacía apenas un mes que había cumplido 18 años y era hijo, el único hijo varón, de Rudyard Kipling, que para entonces ya era una de las glorias vivientes de la literatura inglesa (en 1907 había sido el primer escritor británico en obtener el premio Nobel de Literatura). Aquella muerte trastornó para siempre la vida de Kipling, que dedicó a su desaparecido hijo Jack algún poema especialmente emocionante. Al acabar la contienda, redactó un estremecedor epitafio dedicado a su hijo, pero también a tantos chicos jovencísimos que, como él, habían perdido la vida en aquella guerra incomprensible: «If anyone asks why we died/ Tell them, because our parents lied» («Si alguno pregunta por qué hemos muerto/ diles, porque nuestros padres mintieron»).  (más…)

Print Friendly and PDF
30 de septiembre de 2014

Leguina y sus «diez mitos del nacionalismo catalán»

Esperanza Aguirre

Creo que hay pocas personas en España que tengan una trayectoria más dilatada de dedicación a la política que la que puede presentar Joaquín Leguina. Desde su juvenil compromiso antifranquista en la clandestinidad de los tiempos de la dictadura hasta la incesante labor que ahora lleva a cabo con sus artículos, su palabra y sus libros, todo –o casi todo– en la vida de Joaquín Leguina ha sido y es hacer política. Sin exagerar, podemos hablar en su caso de medio siglo de intensa y constante actividad política, entendida esta en su sentido más noble, que no es otro que el de buscar las mejores respuestas a las necesidades y legítimas aspiraciones de los ciudadanos.  (más…)

Print Friendly and PDF